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Cuánto cuesta una web para empresa
Vas a recibir presupuestos que se diferencian en un cero para el mismo encargo. No es que uno mienta: es que no están presupuestando lo mismo. Esto es lo que mueve la cifra y cómo comparar sin equivocarte.
Por qué nadie serio te da un precio por teléfono
Y por qué el que te lo da debería preocuparte.
Una web corporativa puede ser cuatro páginas con los textos ya escritos, o veinte páginas en dos idiomas con catálogo, formularios conectados a tu sistema de gestión y fotografía nueva. Llamar «web» a las dos cosas es como llamar «vehículo» a una furgoneta y a un camión.
Quien te suelta una cifra antes de preguntarte nada está haciendo una de estas dos cosas: poner un precio alto para cubrirse por si el encargo se complica —y lo pagas tú aunque el tuyo sea sencillo—, o poner uno bajo para entrar y ampliarlo después. Las dos acaban igual.
Las siete cosas que mueven la cifra
Cuando pidas presupuesto, pregunta explícitamente por estas siete. Si alguna no aparece en el documento, no está incluida, aunque te digan que sí.
| Concepto | Qué cambia el precio |
|---|---|
| Número de páginas | No es lo mismo cuatro que veinte. Y una página de servicio bien hecha cuesta más que tres de relleno |
| Los textos | Es lo que más se subestima. Si no está escrito quién los escribe, los escribes tú un domingo |
| Las fotografías | Propias o de banco. Las de banco se notan, y se notan sobre todo en empresas que venden confianza |
| Idiomas | El segundo idioma no cuesta el doble, pero tampoco es gratis: hay que traducir, revisar y mantenerlo |
| Conexiones | Que el formulario entre en tu CRM, que el catálogo lea tu stock, que se integre la facturación |
| Quién la mantiene después | Una web sin mantenimiento no es más barata: es más cara con retraso |
| El plazo | Correr cuesta dinero en todos los oficios y en este también |
Cómo comparar tres presupuestos que no se parecen
El error clásico es comparar los totales. El total no te dice nada porque cada uno ha incluido cosas distintas. Haz esto en su lugar: coge un papel, pon las siete filas de la tabla de arriba, y rellena tres columnas. Vas a ver enseguida que el barato no incluye textos, o que el caro incluye fotografía que tú no necesitas.
Y añade una octava fila que casi nadie pone: qué pasa el año que viene. Un presupuesto sin coste de mantenimiento no es un presupuesto completo, es la primera mitad de uno.
Las cinco preguntas que hay que hacer antes de firmar
Estas cinco valen más que cualquier negociación de precio. Son las que determinan si dentro de dos años tienes una web o tienes un problema.
- ¿A nombre de quién queda el dominio? Tiene que ser el tuyo. Si el dominio está a nombre del proveedor, no tienes una web: tienes una web alquilada, y el día que discutáis te quedas sin dirección.
- ¿A quién pertenece el código cuando se termine? Si la respuesta lleva rodeos, es que no es tuyo.
- ¿Qué pasa si el año que viene quiero cambiar de proveedor? Tiene que haber una respuesta corta y sin drama. Si la respuesta incomoda, esa incomodidad la vas a pagar tú más adelante.
- ¿Los textos están incluidos y quién los escribe? La pregunta más rentable de las cinco.
- ¿Quién responde si dentro de seis meses el formulario deja de enviar? Porque pasa, y más a menudo de lo que nadie admite.
Señales de que un presupuesto barato te va a salir caro
- No pregunta nada sobre tu negocio. Si no te han preguntado a quién vendes y con qué margen, están presupuestando páginas, no una herramienta de venta.
- Cobra por publicación o por página, sin hablar de resultado.
- No menciona velocidad ni móvil. Más de la mitad de quien te va a mirar lo hará desde el teléfono, esperando en algún sitio, con mala cobertura.
- Incluye «SEO» como una línea suelta sin explicar qué es. Suele significar poner tu palabra clave cuatro veces y nada más.
- El plazo es sospechosamente corto. Una web rápida de hacer suele ser una plantilla con tu logotipo encima, y eso se reconoce.
Lo que no aparece en ningún presupuesto
El coste real de una web mala no está en la factura. Está en las consultas que no entran durante los dos años que tardas en volver a tocarla, y ese número no lo ve nadie porque no hay forma de echar de menos a un cliente que nunca escribió.
Por eso la pregunta útil no es «cuánto cuesta», sino «cuánto me está costando la que tengo». Si esa la puedes responder con un número, ya sabes cuánto tiene sentido gastar. Si no la puedes responder, ese es el primer trabajo, no el segundo.
Antes de pedir presupuesto
Comprueba si de verdad necesitas una web nueva. Muchas veces el problema son tres cosas concretas —el formulario, la velocidad en el móvil y que la página que debería vender no existe— y arreglarlas cuesta una fracción de rehacerlo todo. Aquí está cómo distinguir un caso del otro.
Si quieres saber qué hay que tocar antes de pedir presupuestos, lo medimos y te lo entregamos ordenado por lo que cuesta cada hallazgo. Y si prefieres que lo hagamos nosotros, también: así trabajamos una web. La primera reunión es gratuita y sin compromiso.
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