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Cuánto cuesta una web para empresa

Vas a recibir presupuestos que se diferencian en un cero para el mismo encargo. No es que uno mienta: es que no están presupuestando lo mismo. Esto es lo que mueve la cifra y cómo comparar sin equivocarte.

4 min de lectura · Aurvël

Por qué nadie serio te da un precio por teléfono

Y por qué el que te lo da debería preocuparte.

Una web corporativa puede ser cuatro páginas con los textos ya escritos, o veinte páginas en dos idiomas con catálogo, formularios conectados a tu sistema de gestión y fotografía nueva. Llamar «web» a las dos cosas es como llamar «vehículo» a una furgoneta y a un camión.

Quien te suelta una cifra antes de preguntarte nada está haciendo una de estas dos cosas: poner un precio alto para cubrirse por si el encargo se complica —y lo pagas tú aunque el tuyo sea sencillo—, o poner uno bajo para entrar y ampliarlo después. Las dos acaban igual.

El presupuesto barato no es el que cuesta menos. Es el que aún no ha terminado de cobrarse.

Las siete cosas que mueven la cifra

Cuando pidas presupuesto, pregunta explícitamente por estas siete. Si alguna no aparece en el documento, no está incluida, aunque te digan que sí.

ConceptoQué cambia el precio
Número de páginasNo es lo mismo cuatro que veinte. Y una página de servicio bien hecha cuesta más que tres de relleno
Los textosEs lo que más se subestima. Si no está escrito quién los escribe, los escribes tú un domingo
Las fotografíasPropias o de banco. Las de banco se notan, y se notan sobre todo en empresas que venden confianza
IdiomasEl segundo idioma no cuesta el doble, pero tampoco es gratis: hay que traducir, revisar y mantenerlo
ConexionesQue el formulario entre en tu CRM, que el catálogo lea tu stock, que se integre la facturación
Quién la mantiene despuésUna web sin mantenimiento no es más barata: es más cara con retraso
El plazoCorrer cuesta dinero en todos los oficios y en este también

Cómo comparar tres presupuestos que no se parecen

El error clásico es comparar los totales. El total no te dice nada porque cada uno ha incluido cosas distintas. Haz esto en su lugar: coge un papel, pon las siete filas de la tabla de arriba, y rellena tres columnas. Vas a ver enseguida que el barato no incluye textos, o que el caro incluye fotografía que tú no necesitas.

Y añade una octava fila que casi nadie pone: qué pasa el año que viene. Un presupuesto sin coste de mantenimiento no es un presupuesto completo, es la primera mitad de uno.

Las cinco preguntas que hay que hacer antes de firmar

Estas cinco valen más que cualquier negociación de precio. Son las que determinan si dentro de dos años tienes una web o tienes un problema.

Señales de que un presupuesto barato te va a salir caro

Lo que no aparece en ningún presupuesto

El coste real de una web mala no está en la factura. Está en las consultas que no entran durante los dos años que tardas en volver a tocarla, y ese número no lo ve nadie porque no hay forma de echar de menos a un cliente que nunca escribió.

Por eso la pregunta útil no es «cuánto cuesta», sino «cuánto me está costando la que tengo». Si esa la puedes responder con un número, ya sabes cuánto tiene sentido gastar. Si no la puedes responder, ese es el primer trabajo, no el segundo.

Antes de pedir presupuesto

Comprueba si de verdad necesitas una web nueva. Muchas veces el problema son tres cosas concretas —el formulario, la velocidad en el móvil y que la página que debería vender no existe— y arreglarlas cuesta una fracción de rehacerlo todo. Aquí está cómo distinguir un caso del otro.

Si quieres saber qué hay que tocar antes de pedir presupuestos, lo medimos y te lo entregamos ordenado por lo que cuesta cada hallazgo. Y si prefieres que lo hagamos nosotros, también: así trabajamos una web. La primera reunión es gratuita y sin compromiso.

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